Reflexiones surgidas del grupo de crianza: el desarrollo motriz

En el servicio de CDIAP de Baulacreix, se ofrece un grupo de crianza terapéutico para familias y bebés, de edades comprometidas entre los 5 y los 10 meses. Acompañado por dos profesionales del servicio, una fisioterapeuta y una psicóloga. El […]

En el servicio de CDIAP de Baulacreix, se ofrece un grupo de crianza terapéutico para familias y bebés, de edades comprometidas entre los 5 y los 10 meses. Acompañado por dos profesionales del servicio, una fisioterapeuta y una psicóloga. El objetivo es poder ofrecer un espacio de encuentro para poder intercambiar y pensar conjuntamente qué significa ser padres para cada familia, tener un hij@ y acompañar en la crianza. Ofreciendo un espacio de escucha, calma y seguridad. 

En las diferentes sesiones del grupo de crianza vamos observando cómo los pequeños van descubriendo e iniciando el desplazamiento y descubrimiento del entorno entre otras muchas cuestiones.

Hoy nos gustaría compartir una serie de reflexiones y pensamientos en relación con el interesante tema del desarrollo motriz, la experimentación del cuerpo y sus capacidades y evidentemente la autonomía y separación del adulto que ello conlleva. 

Los niños y niñas, si pueden moverse libremente, en un ambiente adaptado a sus capacidades e intereses y con una relación segura con el adulto de referencia, podremos observar como poco a poco irá apareciendo la curiosidad por investigar y descubrir su entorno y a él mismo. Aprendiendo así, cada uno a su ritmo, la capacidad para desplazarse. 

De estar tumbado boca arriba, girarse y quedar boca abajo, el rastreo, el gateo, poder sentarse. Sentarse sobre las rodillas, ponerse de pie agarrado a los lugares y finalmente hacer pruebas de caminar para terminar caminando y corriendo.

En estos cambios los acompañamos y disfrutamos conjuntamente, pero el inicio y el control de estas capacidades dependen del niño. Nosotros podemos ser facilitadores, ofreciéndonos en la relación y el juego ya la vez ofrecer un espacio / entorno favorecedor o interesante para ellos. Como todo, cuanto más practico más posibilidades tengo de dominar y perfeccionar mis capacidades.

En los diferentes encuentros del grupo de crianza, un aspecto muy importante que ha ido apareciendo es el hecho de respetar el ritmo y el proceso de cada niñ@. Aspecto que es variable en el tiempo y en la manera de desarrollarse.  El desarrollo motor entre dos niñ@s de la misma edad puede ser muy diferente entre ell@s y muy variable (teniendo en cuenta que nos referimos al del desarrollo normotípico).

El movimiento debe tener una función para cada niñ@, y esto es una fuente de placer. Teniendo en cuenta esto, porque sentarlo si todavía no sabe hacerlo por él mismo, para qué  levantarlos y acompañarlos  a caminar cogidos por los brazos si aún no lo pueden hacer ellos solos. 

De qué sirve a un niñ@ ponerse de pie si todavía no tiene el deseo de experimentar con su propio cuerpo, de desplazarse o ir a buscar un objeto que es de su interés. 

“El niño que llega a algo por su propio medio adquiere conocimientos de otra naturaleza que el que recibe la solución totalmente elaborada.” (Emmi Pikler).

Es importante dar tiempo a que ellos encuentren la manera de poder entrar y salir de las posturas. Si siempre tienen el adulto junto con la mano preparada para aliviar y controlar no los hacemos responsables de lo que hacen y les pasa. (Esto no significa no estar observando y pendiente de los pequeños!!)

Cuando se inician y prueban las capacidades que tienen, suele ser de manera grosera o con torpeza, poco a poco, con la maduración y organización del sistema nervioso observamos como estos movimientos se van perfeccionando y controlando hasta poder alcanzar la direccionalidad que buscan.  Así como normalmente no entendemos sus primeras palabras que dicen, lo mismo ocurre con el control corporal. Se pueden dar golpes con el sonajero, pueden ir atrás en lugar de adelante para ir a buscar el juguete. Es normal que al iniciar una postura ésta tenga variaciones. 

Si les permitimos la experimentación autónoma de estas novedades, el niño o la niña irán perfeccionándola, dominandola y cogiendo confianza y seguridad con él o ella misma y con lo que hace. 

“Lo específicamente humano es que nuestro modo de ser no está determinado ni por la genética ni por el instinto. Nuestro modo de ser, cada uno, se va construyendo en un proceso que dura toda la vida, aunque en la primera infancia ya se  constituye lo esencial.” (Cecilia Hoffman).

Eulalia Gallart Lladó y Míriam Roqueta Petit