Crianza en tiempos de incertidumbre

"En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, vuelve una aurora sonriente". Khalil Gibran

Cualquier cambio, por pequeño que sea, nos hace vivir sentimientos de pérdida y de incertidumbre, pero también supone la oportunidad de algo nuevo. A veces pesará más el duelo por lo que estamos dejando atrás y otras veces la esperanza de lo que empieza.

Uno de los cambios más importantes que podemos emprender en la vida es la maternidad o la paternidad. En este caso, la incertidumbre se convierte en cotidiana y, entre otras, nos formulamos algunas preguntas como: ¿Irá bien el embarazo? ¿Será niño o niña? ¿Cómo será este niño? ¿A quién se parecerá? ¿Sabré darle lo que necesita? ¿Me entenderé? ¿Cómo seré yo en esta nueva identidad de madre o padre? Seguramente, estas preguntas no encontrarán respuesta, al menos no de forma inmediata, sino que quedarán formuladas y deberán ser sostenidas en la espera. En la incertidumbre.

Para que esta incertidumbre no nos paralice buscaremos elementos de protección. El sentimiento de pertenecer a una comunidad y los vínculos afectivos establecidos a lo largo de nuestra vida nos ayudarán a sentir más seguridad. Buscaremos referentes para identificarnos en estos nuevos cambios, en la nueva faceta, pero buscaremos también los vínculos que hemos ido estableciendo y que nos devuelven a nuestra identidad previa. Por lo tanto, sentir que no estamos solos, que vivimos en tribus, y los lazos afectivos tejidos con el entorno, actúan de elementos protectores ante el cambio.

En este sentido, la calidad de los vínculos afectivos que hemos establecido nosotros de pequeños nos condiciona con los que seremos capaces de generar a lo largo de la vida y, por tanto, también con los de nuestros niños. Los niños se vinculan instintivamente a quien los cuida. Se muestran sensibles y receptivos con el fin de sentirse seguros. Epigenéticamente, el vínculo es una estrategia evolutiva para sobrevivir.

Buscando seguridad como el niño, los adultos a menudo procuramos minimizar la incertidumbre intentando alcanzar el máximo de estabilidad laboral, emocional o familiar, pero los cambios forman parte de la vida y últimamente estamos viviendo muestras muy significativas.

En la esfera de lo social, en los últimos años se han ido sucediendo una serie de eventos que conllevan cambios en la sociedad, la economía y la tecnología. Se nos dice que nada volverá a ser igual que antes, sentimos que estamos viviendo cambios sin precedentes, pero no sabemos qué significa exactamente. Por decirlo así, no se ha creado ninguna aplicación que nos prediga hacia dónde vamos.

A pesar de este entorno cambiante, en la esfera más familiar e íntima, seguimos nuestra labor de crianza de los pequeños donde el paso del tiempo se cuenta con otra unidad de medida. ¿Cuál es entonces el encaje entre lo que vivimos actualmente y el día a día dentro de casa?

A continuación, planteo una serie de consejos y pensamientos a tener en cuenta en estos días con el fin de provocar la reflexión.

  • ¿Cómo estamos viviendo la crisis del Covid-19 en casa? ¿En que nos está afectando? ¿Cómo nos sentimos con lo que está pasando? Seguramente no es una respuesta simple pero tenerlo en cuenta nos ayudará a pensar en cómo acercamos a los niños a lo que está pasando. No es beneficioso esconderles lo que vivimos, pero tampoco lo es hacerles vivir la angustia y la incertidumbre de la misma manera que la experimentamos nosotros. Los pequeños no entienden muchos de los significados de nuestras palabras, pero tienen la sensibilidad a flor de piel y son capaces de captar y absorber como esponjas el ambiente emocional, tanto positivo como negativo que hay en casa.
  • ¿Habrá que explicar lo que estamos viviendo a los niños? En la medida que lo puedan entender, colocarlos en la realidad de lo que vivimos y de las respuestas que damos los adultos, haciéndoles partícipes, les ayudará a situarse. Sin embargo, más vale de entrada explicar poco e ir ampliando la información cuando veamos que pueden entender más cosas, utilizando un lenguaje apropiado, que no es lo mismo que un registro infantilizado.
  • ¿Cómo lo hacemos? Necesitamos tiempo de observación, escucha e interacción, tiempo de calidad, de pasárnoslo bien juntos, siendo auténticos. De este modo, también nos mostraremos disponibles y seguramente podremos ayudarles a pensar y poner palabras a aquellas emociones que están y estamos viviendo.
  • ¿Y qué pasa si no podemos resolverlo todo? ¿Si no tenemos respuestas a sus preguntas? ¿Estamos preparados para las expresiones emocionales intensas de nuestros hijos? ¿Qué pasa con las emociones que ellos nos hacen vivir? Con la maternidad y la paternidad nos enfrentamos a un diálogo constante entre lo deseado y lo real. Entender y asumir los sentimientos que tenemos nos ayudará a ser más cercanos y sinceros.

Con la situación actual, tenemos la oportunidad de seguir conociendo como es nuestro niño, y en consecuencia ayudarle a entenderse y a crecer. Es importante y estimulador tener deseos de cómo queremos que sea nuestro pequeño, pero tan necesario es esto como ir descubriendo cómo es y no hacerle cumplir nuestras expectativas. Nos ayudará en esta tarea preguntarnos en qué nos sentimos identificados y en qué nos sorprende. O en qué momentos lo entendemos y nos sentimos cercanos y en qué otros vemos comportamientos que nos alejan o nos enojan.

Seguramente, en momentos como estos será bueno recordar que no hay una única manera de ejercer la maternidad o paternidad sino tantas como personas en el mundo.

Finalmente, aprovechemos también este tiempo para disfrutar de la crianza. Vivámosla desde la humildad de saber que no sabemos lo suficiente, y asumamos la incertidumbre sólo como lo que dice el diccionario que es: calidad de incierto, falta de certeza.

Mariona Arnaiz